Night Club: La tragedia de una fiesta que cayó en el olvido

Night Club: La tragedia de una fiesta que cayó en el olvido

Artículo Tomado de Revista Semana

Después de cinco años, ni siquiera el riesgo de impunidad parece remover en la memoria lo que ocurrió en la madrugada negra de Amor y Amistad en el Nigth Club, un amanecedero en el sur de Bogotá.

El 15 de septiembre del 2013, los colombianos se despertaron con las trágicas imágenes de un procedimiento policial, que fue calificado por la Fiscalía como “demencial”, en el que murieron asfixiadas seis personas y once más resultaron heridas. Una estampida humana se produjo en el desalojo de este establecimiento ocupado clandestinamente a las 4:30 de la mañana por más de cien personas que festejaban en 160 metros cuadrados.  

Los tres fiscales que han tenido el caso, vienen reconstruyendo minuto a minuto lo que pasó al interior del bar. Pero la acción de la justicia ha sido lenta y varios de los testigos han llegado a denunciar amenazas. Tuvo que pasar un año para que fueran llamados a imputación de cargos Javier Orlando Murcia Monroy, el entonces teniente del CAI Centenario en la localidad Rafael Uribe Uribe; la patrullera Yury Rodríguez y el alférez (estudiante de la Escuela de Cadetes General Santander) Camilo Chavarro. También acudieron a llamado de la justicia Luz Marina de la Peña -dueña del establecimiento-, y su empleado, el vigilante José Luna. 

El hecho produjo escándalo: unos le echaban la culpa a los excesos de la policía y otros a la informalidad en que operaba este establecimiento. Lo cierto es que ambos factores resultaron en una mezcla fatal que puso en riesgo al centenar de clientes decidió seguir de largo con la celebración.

El escándalo que tuvo este hecho en su momento contrasta con el hermetismo en que se llevó a cabo este 20 de noviembre nueva audiencia judicial. En la diligencia, la jueza 42 penal de Bogotá prescribió para todos los implicados los delitos de lesiones personales y -en el caso de los uniformados- el de abuso de autoridad, al considerar que pasaron 3 años y 9 meses -la pena máxima que pueden recibir por estos cargos- sin ser hallados responsables. 

Lo que parece más complejo, es que estas cinco personas también están siendo procesadas por el delito de homicidio culposo, el cual prescribe en junio del próximo año. Es decir, si no hay condena en los próximos meses, estos hechos quedarán impunes para las víctimas. 

A la diligencia estaban citadas todas las partes, pero solo se hizo presente un solo representante de las 17 víctimas acreditadas. Se trata de Eduardo Cardona, que defiende los intereses de la familia de Gladys Torres, una de las mujeres que murió en el operativo. El defensor le echó la culpa de este solitario desenlace judicial al sistema en su conjunto: “Aquí ha habido dilaciones de la defensa, tres cambios de fiscal, decisiones de los jueces que han sido laxas a la hora de frenar los aplazamientos”, cuestionó. Al final de la diligencia nadie apeló la decisión.

Las imágenes de una cámara de seguridad, que grabó la trágica escena desde la calle, permitieron conocer lo que ocurrió antes del ingreso de los uniformados al sitio. El joven aprendiz de policía, bajo la mirada complaciente de dos de sus superiores, sacó un tubo de gas pimienta, lo agitó, se agachó y comenzó a rociarlo por debajo de la puerta. Esperaron sin que se abriera la puerta, sin que hubiera reacción alguna. Entonces, fueron lanzadas otras tres tandas de gases lacrimógenos. 

Los uniformados se preparaban para un operativo de desalojo, por eso se ve cómo comienzan a llegar patrullas y patrullas de la Policía. “Un sin número” de uniformados, dice la investigación de la Fiscalía, se agolparon a la salida del Nigth Club a la espera de poder ingresar y terminar con el golpe de la jornada: decenas de personas conducidas hacia la UPJ (Unidad Permanente de Justicia). 

Pero lo que ocurría al interior del bar comenzaba a parecerse a una verdadera película de terror. Luz Marina de La Peña, la dueña del bar, y José Luna, el portero, al comienzo se negaron a abrir la puerta. La gente sentía que se asfixiaba, y testimonios recogidos por la Fiscalía dan cuenta de cómo al sentir el fuerte olor, algunos de los clientes corrieron hacia la salida poseídos por el pánico. Las ventanas estaban cubiertas con triplex, que para efectos de la rumba evitaba la fuga de ruido, pero en medio del desastre fueron determinantes en evitar la entrada de aire. 

En la puerta la escena era dantesca. Según el portero Luna, después de las cuatro tandas de gas que roció el alférez, los policías rompieron los vidrios de la parte más alta. Se encaramaron, golpearon con el bolillo y electrocutaron con pistola Taser a los pocos clientes que habían logrado llegar a la entrada. El portero le anticipó a las personas que iba a abrir la puerta con el fin de que se preparan para salir pero casi nadie se atrevía a bajar por miedo a enfrentarse con la policía. 

Luna asegura que una vez abrió, un grupo de siete uniformados  hizo su ingreso de manera violenta y atacó a la gente. Relata que los insultaban a viva voz con expresiones como “hijueputas”, “ratas”, “drogadictos”. Un joven de 19 años, que sirvió como testigo de la Fiscalía, manifestó que las personas sentían la necesidad desesperada de salir del sitio, cuando el grupo de policías con la cara cubierta llegó al segundo piso. Relató que fueron golpeados y electrocutados indiscriminadamente: “nos trataban como animales. No dejaban subir ni bajar a nadie aún cuando los mismos policías se veían ahogados, y a los que salían los iban subiendo a la patrulla”. 

En su intento de huida, el joven cayó por las escaleras. Fue entonces cuando dice que uno de los policías le disparó directamente un gas pimienta y le dio una patada en la cara antes de subirlo a la patrulla junto con otros heridos. Afuera vio cómo la gente se retorcía de dolor por sus lesiones pero “los policías no hacían nada. Estaban afuera y seguían pegando al que iba bajando, llenaban patrullas y se los llevaban”.

Varios clientes del bar coinciden en que una vez entró el grupo de policías, la puerta se volvió a cerrar y fue entonces cuando los uniformados golpearon a la gente: “Botaron todo de las mesas, botaban las sillas. Yo me bajé las escaleras con mi prima, había poquita gente delante mío. Cuando bajamos, la puerta estaba cerrada y la luz de la escalera estaba prendida. La gente de adelante estaba diciendo que abrieran la puerta. Pensé en devolverme pero me daba miedo que me pegaran con los bolillos o con los choques eléctricos”. 

Las versiones que ha entregado la policía alrededor de los hechos han sido contradictorias. Por lo menos, así lo manifestó en su momento el secretario de Gobierno de la alcaldía de Gustavo Petro, Guillermo Alfonso Jaramillo.

A pesar de los aterradores relatos, este episodio oscuro de la historia bogotana pierde impulso en la justicia. “Como resultado de esta demencial operación, dizque policial, perecieron en el lugar por insuficiencia respiratoria y asfixia mecánica 5 mujeres y un hombre”, aseguró la Fiscalía ante el juez. Medicina Legal identificó a las víctimas como Nelly Rincón, Ana Rada, Leidy Santos, Andrés Rincón, Andrea Pinzón y Gladys Torres. 

Pero como lo manifiesta Cardona, el único abogado de víctimas asistente a la audiencia, “estamos frente a la dramática y cotidiana realidad de la administración de justicia”. Según las cuentas del apoderado, se trata de una investigación que tiene más de 6.000 folios, por la que han pasado por lo menos por tres fiscales diferentes; se tardaron un año en imputar cargos y 21 meses en concluir la audiencia de acusación. Para la audiencia preparatoria se tomaron más de dos años y por lo menos 17 fechas programadas han sido aplazadas. Entre la fecha de los hechos y el inicio del juicio oral han transcurrido 5 años. 

 Artículo Tomado de Revista Semana

https://www.semana.com/nacion/articulo/night-club-la-tragedia-de-una-fiesta-que-cayo-en-el-olvido/591935

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